– “No sé qué decirte, la verdad. El azul da tranquilidad…” -dijo dubitativa.
-“¡¿Tengo pinta de querer transmitir tranquilidad?!” -le recriminó- “Es más ¡¿se supone que tengo que transmitirla?! Porque si es así vamos listos.”
Estaba muy irritado y si hubiera defendido el verde tampoco le hubiera parecido bien ni acompañando la opinión de un alegato intachable. También le hubiera hecho saltar. Tenía mucho sueño puesto que llevaba varios días durmiendo bastante mal entre lo poco que comía y los nervios crecientes a medida que se acercaba el evento.
Ella se sintió impotente y se echó hacia atrás con enfado buscando el apoyo de la pared. Su cabeza golpeó el cristal de la ventana que sonó como si se hubiera partido en mil pedazos. Ambos miraron la ventana intacta y suspiraron aliviados al unísono.
Cruzaron sus miradas. Ella se sentía derrotada y él lo vio. Él se sentía desesperado y ella lo vio. Él se dejó caer encima de la cama y le puso una mano en su rodilla.
-“Perdona. Estoy insoportable. Te he pedido ayuda y no es justo que te trate así cuando llevas un mes acompañándome a centros comerciales, mirando tiendas por mí, mandándome fotos con ideas, aconsejándome, haciendo de hermana mayor…”
–“Escuchándote”-añadió ella.
–“Sí, eso también…” -confirmó él.
–“Sobre todo eso” -dijo levantando el dedo a modo de signo de admiración.
–“¿Qué me quieres decir?”
-“Vamos a ver.” -se volvió a apoyar en la pared esta vez evitando el golpe con el cristal y siguió- “Hace algo más de un mes te daba igual el acto. Lo considerabas incluso algo que se debía evitar y tenías argumentos de peso para defenderlo. No digas nada todavía. De hecho, presumiste de eso y fue lo que propició ese comentario de que no acudías porque tienes pinta de elefante…»
Paró e indicó con la mano que no había terminado. Siguió.
-«…Comentario hecho por alguien que también era insignificante para ti hace un mes. No sabías ni siquiera dónde vivía ni qué música escucha, ni si escucha música o va en bicicleta. Ni qué decir tiene que no sabías ni siquiera si suele oler bien o mal de lo lejos que había estado siempre.”
Él asintió suspirando de nuevo. Y ella siguió:
-“Y de repente, un comentario ridículo de un desconocido parece volverse viral y cambia por completo tu vida. Aparte de la búsqueda del modelito que te haga parecer nosequé porque ni siquiera lo sabes, lo de la dieta de la manzana y todas esas chorradas…”
Él la interrumpió levantando un poco la mano de su rodilla y volviéndola a dejar caer. Se volvieron a mirar a los ojos. Durante unos segundos no dijeron nada. Únicamente se miraron. Él ahora se sentía agradecido y ella lo vio. Ella se sintió aliviada y él lo vio.
-“Mañana…¿azul o verde?”
-“Mañana no puedo ir a ningún sitio. Tengo que ir en bicicleta y oliendo bien a devolver dos polos que no me gustan”
Cuándo los comentarios ajenos despiertan nuestra propia inquietud
A menudo, un comentario insignificante o la presión de la mirada ajena pueden desencadenar oleadas de ansiedad, irritabilidad y falta de sueño. En esos momentos, contar con un espacio donde frenar, sentirnos escuchados sin juicio y recuperar la perspectiva resulta fundamental.
Si notas que la opinión de los demás o el estrés diario están condicionando tu bienestar, te ofrecemos un espacio de calma para comprender lo que sientes. Descubre cómo te acompañamos en nuestra Terapia Individual o solicita tu primera cita aquí.