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El secreto detrás del éxito

    Volvió a cerrar la botella de agua con calma y la devolvió al hueco del atril diseñado para aquel fin. Se sintió poderosa pensando que alguien se la había dejado allí sin ni siquiera pedirlo. Respiró dándose todavía más importancia. Contempló al público esperando a que terminara de aclararse la garganta. Colocó ambas manos en los laterales del atril y continuó.

    – “Ya que estamos entre amigos, he de reconocer que tengo sensaciones parecidas a las que tiene mucha gente cuando llega la Navidad. Mejor dicho, a la gente a la que no le gusta la Navidad. Se espera que sean días de felicidad por obligación. Parece que no exista otro camino que no sea ese.” -dijo enfatizando con el dedo el adjetivo demostrativo.

    La ponencia nada tenía que ver con fiestas ni con sentimientos. Ni siquiera aplicaba demasiado al tema en cuestión. La frase la había estudiado a conciencia para acercarse a su público con el objetivo de que lo siguiente que iba a decir les pareciera la verdad absoluta o, al menos, una aproximación lo suficientemente buena para acabar aplaudiendo con entusiasmo al final. Un aplaudidor entusiasmado empezaría a seguirle en redes sociales, daría aprobación a sus comentarios estudiados y compartiría los pequeños fragmentos de sus charlas con amigos, familiares, incluso con desconocidos seguidores. Y de ahí saldrían más charlas, más cursos empresariales facturados a precio de oro, aumentarían las ventas de sus libros, etc. Alguien se había preocupado de estudiar toda esa cadena. Empezaba con una cercanía y terminaba con ingresos para ella: si estas personas acuden a la charla, un tanto por ciento acabará siendo seguidor, de todo esos algunos comprarán, otros contratarán, los reenvíos suponen esto otro…todo ello medido y cuantificado en números.

    La fórmula le funcionaba. Y tanto. Siempre decía que si quería podía vivir sin poner lavadoras o cocinar de manera voluntaria. Mostraba con ello humildad y dejaba claro que era capaz de hacer ambas cosas. Eso le mantenía la autoestima más o menos en un punto de equilibrio porque la realidad era bien distinta. No hacía tareas domésticas desde que estudiaba. Ya entonces, las hacía porque no le quedaba más remedio. Las hacía además además fatal. Parte de su primer y ridículo sueldo de becaria lo gastó en contratar a alguien para que le planchara la ropa para el trabajo. Con el paso del tiempo tuvo que mantener el gasto de contratación de personal que hiciera las tareas de hogar. De cara a la galería vendía su defecto como su placer del cual disfrutaba únicamente cuando ella quería. Cercanía. Éxito.

    La realidad era que no podía evitar compararse con los demás y sentir que es una pérdida de tiempo cocinar y limpiar…para una única persona. Tenía el frigorífico repleto de productos de la mejor calidad y un enorme y lujoso apartamento en la mejor zona de la ciudad, pero no lo podía compartir con nadie. Al menos con nadie que quisiera quedarse más de un fin de semana.

    Cuando la búsqueda del éxito esconde un profundo vacío

    Construir una fachada impecable hacia el exterior a menudo sirve como escudo para no mirar la desconexión emocional o el vacío en la vida privada. Triunfar de cara a los demás no siempre equivale a sentirse pleno por dentro.

    Si sientes que estás sosteniendo un personaje para encajar o que la soledad está pesando en tu día a día, te ofrecemos un espacio de autenticidad donde trabajar en lo que de verdad importa. Descubre cómo te acompañamos en nuestra Terapia Individual o solicita tu cita aquí.